Empujaron la camilla de Teodora hacia el horno crematorio.
Ernesto se quedó afuera; ni una lágrima le salió.
—¿De qué murió exactamente? —preguntó, con la voz apagada.
—Cáncer de páncreas, fase terminal. Lo detectaron hace un mes —respondió el médico forense.
Un pincho le atravesó el pecho. Apretó los labios hasta cortarse por dentro:
—¿Por qué no me lo dijo? Si lo hubiera sabido antes…
—No quiso —intervino Sofía—. Ya no esperaba nada de ti.
Aquella frase lo paralizó. “Claro”, pensó, “ya la habí