Celia sonrió con resignación.
—Lo sé, no soy tan tonta. ¿Cómo iba a dejar algo tan importante tirado por la casa?
Ben se sintió desconcertado, La miró con incredulidad mientras ella contenía una risita.
—Pero, ¿qué... qué está pasando? —preguntó la empleada desde la cocina.
—Nada, señora. Puede seguir con sus quehaceres —respondió Celia suavemente.
La empleada, aunque confundida, no preguntó más y se retiró, desconcertada. Ben cruzó los brazos y tomó aire. Había vuelto a toda prisa, temiendo que