El dueño de la tienda miró el auto estacionado y, al parecer reconociendo a un cliente habitual, se acercó a saludar.
—¿Recién sales del trabajo? ¿Vas a comprar cerveza otra vez? ¿La misma marca que la última vez?
Nicolás sonrió.
—Sí. Lo de siempre.
El dueño recordaba bien a los clientes frecuentes, y a este le causaba una impresión particular. La cerveza que no era fácil de vender en la tienda, era la única que a él le gustaba. Al escuchar la voz, Lía se volvió y los miró. Al ver a Nicolás, su