Lía sonrió entrecerrando los ojos.
—Si se arruina algo será mi reputación. Si yo no me preocupo, ¿por qué tú sí?
—Me preocupa. —Él retiró la mirada—. Hasta los ratones callejeros tienen su reputación, y eso que no vale nada.
Lía quedó aturdida por un momento.
—¿Me estás insultando o qué?
—Adivina.
Antes de que ella pudiera reaccionar, él arrancó el auto y se alejó.
—¡Eh! ¡Maldito seas! —Lía miró las luces traseras del auto que se alejaba, pataleando de furia en el lugar. La mano que había levant