Lía se acercó a Celia con las dos tazas restantes y le ofreció una.
—Esta es para ti.
Celia la aceptó con una sonrisa.
—Esta vez no estarás aquí por un viaje o algo así, ¿verdad?
Lía, evitando su mirada con incomodidad, forzó una sonrisa poco natural.
—Pues, ya sabes lo de mi primo…
Celia asintió con la cabeza, sin culparle por nada.
—Ya lo había imaginado.
Lía sonrió sin decir más.
—¿Y esta vez? ¿También viniste a Ficus a ver el espectáculo?
Lía dejó a un lado su actitud juguetona y se volvió s