De regreso, Enzo se rio a carcajadas dentro del auto.
—¡Y temía que te intimidaras! ¡Pero manejaste la situación con gran aplomo! —le dijo a Celia muy contento.
Ella se aferró a su brazo.
—No dejaré que mi papá y mi hermano queden en vergüenza.
Enzo hizo un gesto, despreocupado.
—A nosotros no nos importa su actitud. No nos afectará.
Su actitud detrás de estas palabras era clara: sin importar si ella cometía un error, la respaldarían sin condiciones. Celia bajó la mirada, sintiendo una calidez e