—¿Y por qué debería creerte? —preguntó Celia.
Debido a lo que Beatriz había hecho con Sira, Celia ya no se atrevía a confiar en ella tan fácilmente.
—Por supuesto que puedes elegir no creerme. —Beatriz la miró sin la más mínima emoción—. Total, ya te dije lo que tenía que decir.
Al terminar de hablar, salió de la habitación. Celia repasaba una y otra vez sus palabras con seriedad y, al final, decidió arriesgarse.
***
Beatriz y los guardaespaldas llegaron a un salón. Mario estaba cenando con Ósca