Durante algunos días Celia se había quedado en casa de Nicolás. Aparte de ir y venir del trabajo y comer, él se encerraba en su habitación, quizás para evitar incomodarla.
Era su fin de semana libre, y sus horarios no coincidían. Cuando despertó, ya eran las nueve y media. En la puerta del refrigerador había una nota:
[El desayuno está en el microondas].
Al abrirlo, el sándwich aún estaba tibio. Celia se sentía un poco culpable por causarle molestias, así que decidió prepararle una cena esa noch