—Me encargo yo del resto de los Rojas —habló Ben con calma.
—Papá, concéntrate en la familia Vargas. En cuanto a Celi…
Mientras hablaba, la miró con ternura.
—Mi hermanita puede hacer todo lo que le guste.
Celia se sorprendió. Su corazón, que había perdido toda la esperanza, sintió un leve oleaje.
—Ben tiene razón. Estamos nosotros para ocuparnos de todo. No se preocupe por nada, papá —Enzo consoló al anciano.
Con esas palabras tranquilizadoras, Faustino pudo relajarse un poco.
***
Después de la