—¡Tienes razón! ¡Debe de haber un inhibidor aquí! ¡Vamos pronto a buscarlo!
La multitud, iluminada por la idea, se aferró a ese rayo de esperanza, sin querer rendirse fácilmente. César la miró, sonriendo.
—Tu cabecita aún funciona con calma.
Ella le lanzó una mirada fulminante. ¿Cómo se atrevía a bromear en una situación así? Sin hacerle más caso, ella se volteó y se unió a los demás en la búsqueda del inhibidor. Nicolás, al darse la vuelta, se detuvo de repente y miró a César.
—Señor Herrera, n