Tras el desmayo de Sira, César permaneció a su lado hasta que recuperó el conocimiento.
—César —murmuró ella con voz débil.
—Dime. ¿Te sientes mejor? —le preguntó él.
De pronto, Felipe entró a la habitación con una sonrisa complaciente y saludó a César.
—Señor Herrera, qué honor verlo aquí.
César saludó sin interés en formalidades.
—¿Por qué ella se desmayó? —él preguntó.
Felipe intercambió una mirada rápida con Sira antes de responderle con cautela.
—Son secuelas del parto… No pudo descansar de