Después de vestirse, Nicolás salió con calma, como si nada hubiera pasado.
—¿Me buscabas?
—Mañana por la noche mi familia celebrará una fiesta de bienvenida para mí. ¿Asistirás?
Él se detuvo en seco, mostrando una leve sonrisa en sus labios.
—¿Tú quieres que yo asista? —preguntó.
Ella se encogió de hombros.
—Eso depende de ti. Ahora ya estás en la capital, si no te invito, me parecería una falta de respeto.
La sonrisa de él se desvaneció un poco, insinuando algo.
—Mañana por la noche habrá mucha