Un zumbido agudo llenó los oídos de Celia, ahogando todos los sonidos a su alrededor. Poco a poco, recuperó la conciencia. Sentía que estaba suspendida en el aire, con su visión invertida. El auto había quedado patas arriba. Del tanque de combustible goteaba líquido, desprendiendo un olor fuerte.
Cuando Celia recuperó por completo la lucidez, y lo primero que vio fue la cara manchada de sangre de César.
—¡César! —lo llamó.
El zumbido en sus oídos persistía. Ella no podía oír su propia voz. Exten