Iván caminó hacia la cama. Al escuchar eso, se detuvo en seco antes de sentarse. Tras un largo rato, se sentó al borde de la cama, dándole la espalda en silencio. Celia se le acercó.
—Señor, también está al tanto del secuestro de ese año. Vio a los dos niños que escaparon a su aldea, ¿cierto?
—Pues...
Él no se atrevía a mirarla a los ojos, con sudor en su frente.
—¿La niña que vio en ese entonces vestía una blusa amarillo pálido y un overol blanco?
Iván guardó silencio por un largo tiempo. Quizá