La cuidadora sabía la relación entre ambos. Asumió que César no quería que su esposa tuviera celos, así que le entregó el botiquín a Celia sonriendo.
—Señora, les dejo el espacio.
Tras su partida, Celia permaneció inmóvil por un minuto. Tomó aire y se arrodilló junto a César con cara impasible. Lo trató como a cualquier paciente y procesó a limpiar y desinfectar la herida. Ninguno de los dos habló, sumidos en un silencio incómodo.
Al extraer los fragmentos de vidrio, ella podía escuchar la respi