La tensión se apoderó de la habitación. Después de un largo silencio, César apartó su mano con calma.
—Si necesitas algo, contacta a los guardaespaldas.
Dicho esto, salió de la habitación. Sira, con los ojos enrojecidos, lo observó irse, apretando con fuerza las sábanas.
Había pensado que, al hacerle creer que ella era quien lo había salvado, recuperaría su trato especial. Pero para su sorpresa, él no parecía tan complacido como esperaba. No obstante, ¡su reacción le dio la sensación de que él n