—Pero una vez que me vaya, y con Sira a su lado sin nadie que los obstaculice, firmará el acuerdo de divorcio por su amor. Es solo cuestión de tiempo —dijo Celia con serenidad, pero bajó la mirada.
—Cuando llegues allí, avísame. —Sonrió Ben, mirándola.
Celia también mostró una sonrisa radiante.
—De acuerdo.
—¿Adónde te irás?
De pronto, se oyó la voz de César desde el otro lado del pasillo. Se sentó en su silla de ruedas, con los codos apoyados en los reposabrazos y los dedos entrelazados. Un gua