—Bueno, estoy agradecida por lo que me hizo. —Celia sonrió con indiferencia—. Si no fuera por su ayuda, no habría podido volver a trabajar en tan poco tiempo.
Sira fingió no entender lo que estaba insinuando.
—¿Qué quieres decir? —preguntó con cara inocente.
Ella se le acercó. A una distancia muy corta, le dijo en voz baja:
—No estoy embarazada, así que tampoco hubo ningún aborto. Señora Núñez, ¿te sientes decepcionada?
Sira se quedó petrificada. Su sonrisa también se borró. Antes de que pudiera