César se masajeó el entrecejo, con una evidente irritación. En el pasado, cada vez que Sira lloraba o se quejaba, él se ablandaba y sentía pena por sus lágrimas. Pero, en ese momento, sus lágrimas tan frecuentes le resultaban molestas.
Al ver que él no tenía intención de consolarla, Sira se calló poco a poco. Marina trajo a las dos niñeras involucradas. Ambas se encogían con miedo, sin atreverse a alzar la vista. No habían cuidado bien al niño. En su opinión, perderían su trabajo.
La mirada de C