Rosa permaneció petrificada durante varios segundos, incapaz de procesar lo que estaba viendo. En ese preciso instante, Jacob apareció corriendo con varios miembros del personal médico.
—¡Señora! —gritó él, visiblemente preocupado.
Los enfermeros se apresuraron a separar a Nieve de la atónita Rosa.
—¡Quiero a mi niña! —Lloriqueaba Nieve mientras forcejeaba.
—¡Aquí está! Señora, ¡mire!
Jacob sacó rápidamente la muñeca que llevaba consigo y se la entregó a Nieve. Al ver la muñeca, ella se tranqui