Perla siguió provocándola sin inmutarse.
—Sí, ¡digo que eres una cazafortunas! ¿Y qué? La señorita Núñez tenía razón: siempre hay mujeres como tú, tan descaradas que se lanzan a los hombres como perras en celo…
Antes de que terminara la frase, Celia le dio una cachetada tan fuerte que todos en el vestíbulo la escucharon. Al instante, todas las miradas se posaron en ellas. Perla quedó petrificada por un segundo, y luego, roja de furia, intentó devolver el golpe. Pero Celia la detuvo de un manotaz