El vestido negro largo le sentaba perfectamente a Sonia. Su cabello caía suelto sobre sus hombros con las puntas ligeramente onduladas, y una suave sonrisa adornaba sus labios, dándole un aire de excepcional delicadeza.
Emilio debió decirle algo gracioso, porque su sonrisa se profundizó mientras levantaba la mirada hacia él. Sus ojos brillantes parecían un lago resplandeciente bajo la luz.
Andrés no recordaba haberla visto sonreír así nunca. En sus recuerdos, Sonia siempre había sido seria y abu