La cena finalmente transcurrió con tranquilidad. Sonia no regresó con Javier, solo pidió que el chofer la llevara a su vecindario. El chofer miró a Javier primero y, al ver que no se oponía, activó el intermitente y cambió de ruta.
Sonia evitaba hablar con Javier, mirando por la ventana. De repente, su teléfono vibró dos veces. Lo ignoró, pero Javier comentó: —Debe ser el señor Romero contactándote.
Su tono sonaba como una advertencia apenas disimulada. Sonia finalmente abrió su teléfono, confir