Al escuchar las palabras de Sonia, Erwin primero se sorprendió, luego sonrió.
—Por supuesto. Como te dije, si trabajamos juntos para destruir completamente su negocio aquí, no tendrá más remedio que quedarse conmigo en Estados Unidos.
—Y entonces, tú también obtendrás tu libertad.
Sonia simplemente sonrió.
Esa sonrisa, al caer en los ojos de Erwin, le hizo fruncir ligeramente el ceño.
Sonia continuó:
—Pero señor Erwin, creo que usted no quiere ayudarme realmente.
—¿Oh?
—Si quisiera que Andrés se