Cuando se dio cuenta, él ya había posado sus labios sobre los suyos.
Ya habían compartido muchos momentos íntimos.
Conocían sus cuerpos incluso mejor que los propios.
Pero hasta hoy, nunca habían intercambiado un beso que pareciera propio de amantes.
—Sin relación con el deseo carnal.
Los movimientos de Andrés eran suaves, sus labios atrapando delicadamente los de ella, su lengua acariciándola con dulzura, como si estuviera tratando un tesoro precioso y frágil, con extremo cuidado.
La cabeza de