Sonia permanecía sentada con la cabeza baja, envuelta en el abrigo de Diego y sosteniendo la taza de té caliente que le habían servido. Aun así, su cuerpo no dejaba de temblar.
Diego había recibido una buena paliza. Aunque al principio tuvo ventaja, cuando los otros lo rodearon quedó en desventaja. Sonia intentó ayudar, pero él la mantuvo firmemente detrás de él. Si los empleados del arcade no hubieran intervenido rápidamente, quién sabe qué habría pasado.
—Tranquila, estoy bien —dijo Diego mien