Mientras Sonia lo observaba, Diego también la vio y sonrió: —¡Por aquí!
En Valle Verde, Andrés estaba sentado en su estudio, sus ojos en los correos de la pantalla mientras sus dedos tamborileaban sobre el teléfono. De vez en cuando aparecían notificaciones en sus redes sociales, pero apenas les dedicaba una mirada antes de ignorarlas.
Pasadas las once, finalmente sonó la puerta. Los dedos de Andrés se detuvieron, pero no se levantó, simplemente apagó la pantalla del teléfono con expresión impas