Cuando Andrés dejó el tenedor, ella lo imitó.
—Ya puedes irte, ¿no? —soltó Sonia sin rodeos, prácticamente echándolo.
Andrés miró alrededor antes de preguntar: —¿Por qué no vives en Valle Verde?
—Ese no es mi lugar —respondió Sonia tajantemente.
Después de sostenerle la mirada por un momento, Andrés ofreció: —Puedo poner la casa a tu nombre.
—No hace falta, me gusta este lugar.
La respuesta de Sonia dejó a Andrés sin palabras, aunque su ceño se frunció visiblemente.
—¿Necesitas algo más? —insis