—¿Por qué me buscas? —La voz de Cassie tembló violentamente en el umbral de la puerta, rompiendo el silencio de una habitación asfixiada por la tensión. Apretó la correa de su bolso de tela con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, luchando desesperadamente por contener las lágrimas que ya presionaban las comisuras de sus ojos—. ¿Por qué no buscas a tu esposa, Devatra?
La pregunta escapó sin control, cargada de un dolor profundo y de una cruel ironía. Allá afuera, Joya Yvonne er