La noche avanzaba, pero el estruendo de la música que retumbaba en aquel lujoso club nocturno parecía negarse a desaparecer. En un rincón discreto de la zona reservada para el personal, Cassie permanecía de pie junto a una de sus compañeras de trabajo a tiempo parcial. Acababa de ordenar una bandeja vacía cuando su amiga le dio un suave codazo.
—Cass, tienes una cara horrible. Estás pálida. Si te encuentras mal, mejor pide permiso y vete a casa antes.
Cassie negó con suavidad y esbozó una leve