Al mismo tiempo, en la última planta de un moderno edificio de oficinas revestido de cristal, situado en pleno centro de la ciudad, el ambiente era mucho más sereno, aunque cargado de una tensión silenciosa.
Cassie estaba sentada en un cómodo sofá de cuero marrón, abrazando con fuerza su bolsa de tela mientras sus dedos seguían temblando levemente. A su lado, Alan Shearer permanecía sentado con la espalda recta, irradiando una presencia protectora y tranquilizadora a través de su firme mirada.