Capítulo 27
Alexandre se quedó allí, sentado al lado de la cama, sosteniendo la mano de María con cuidado, como si fuera de porcelana. Sus ojos estaban llorosos, pero había una sonrisa llena de amor en su rostro.
— Un bebé... nuestro — repitió, como si aún estuviera intentando creerlo. — ¿Tienes idea de lo feliz que me hace esto?
María lo miró, sorprendida.
— ¿Incluso... con todo lo que está pasando? Ni siquiera sé bien quién soy, Alexandre. No sé si podré ser una buena madre...
Él llevó su mano a sus labios y la besó con cariño.
— Ya eres increíble. Serás una madre maravillosa. Y yo estaré a tu lado, todos los días, en cada paso.
María sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, pero esta vez eran de emoción. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía segura.
Poco después, el médico regresó a la habitación.
— Pueden irse a casa. Su presión se ha estabilizado, pero recomiendo reposo, alimentación ligera y seguimiento prenatal. Ya dejé las derivaciones en recepción.
— Gracias, doctor