Capítulo cincuenta y dos: Abrázame.
Apenas en ese instante alcancé a ver algo distinto en David, no me había enfocado en que su vestuario no era formal como casi siempre, tampoco usaba su perfume característico que olía a kilómetros de distancia, lucía desaliñado, como si ya no le importara su aspecto físico o la manera en que todos lo pudieran llegar a percibir, se mantenía en silencio mientras disminuía la velocidad de su camioneta dando aviso que habíamos llegado a la casa de su familia.
La mansión Montgomery era inmensa y de