Capítulo sesenta y dos: Galletas de avena.
Ver a las personas que debían cuidar de mi y en quién me reprochaba constantemente por no dejarlos entrar en mi vida tras las rejas no se sentía satisfactorio porque ni siquiera era algo que debía pasar, intenté hacer realidad la voluntad de mi madre sin pensar en que me harían daño por dinero, aún mi cuerpo se recuperaba de más heridas externas, pero las internas cada vez eran más profundas, ¿Por qué? Estaba condenada a vivir perdiendo a quienes amaba y ser lastimada.
— Pude haberlos ayudado ¿