Aimunan
Desperté flotando en un sueño que no quería abandonar. En él, yo era de nuevo esa niña de pies descalzos que corría por la sabana, jugando a las escondidas entre los arbustos de jazmín con los niños de mi pueblo. Mi abuelo estaba allí, sentado bajo la sombra de un samán, repartiendo dulces con esa sonrisa que parecía contener toda la sabiduría del mundo. "Eres la luz de mis ojos, Munan", me decía al acunarme. "Abuelo", le susurré en el sueño, "tengo que explicártelo...". Pero él solo re