68.
Cássio
No pretendía escuchar.
Pero escuchar fue inevitable.
Me quedé parado fuera del cuarto, con la bandeja aún apoyada en la encimera, el olor de un bizcocho simple mezclado con café tibio subiendo despacio, mientras las palabras atravesaban la puerta entreabierta y se clavaban en mí como esquirlas.
Cada frase de Branca. Cada respuesta de su madre. Cada silencio pesado entre ellas.
Y, en medio de todo, la constatación que me golpeó de lleno: ella no solo estaba protegiendo a Aelyn. Branca est