123. Nuestro nuevo normal
Laís
Salí del aeropuerto a su lado sin decir una palabra, pero el silencio no era pesado, era de esos cargados de electricidad, del tipo que hace que la piel cosquillee incluso antes de cualquier roce. André cargó las maletas como si fueran frágiles, colocándolas en el maletero con un cuidado exagerado, casi cómico, como si cualquier golpe pudiera romper lo que fuera que se estaba formando entre nosotros. Entré en el coche y cerré la puerta demasiado despacio, sintiendo el clic resonar en mi pe