Izel
Desde la cima de la colina, la ciudad dormía bajo el humo sucio que salía de las casitas.
Las luces de las antorchas apenas se veían a la distancia. No se escuchaban sonidos claros del pueblo.
Todo parecía tan... quieto, vacío... como si el lugar y hasta el mundo estuvieran conteniendo el aliento.
Pero la selva no lo estaba.
Alrededor mío, guerreros de otra tribu aguardaban como jaguares hambrientos, ocultos entre los árboles.
Silenciosos.
Tensos.
Listos.
No eran de mi pueblo. Eran de