Capítulo 36. ¿Tan grave es su secreto?
Emma estaba abrumada por la fuerza que él exhibía, la intensidad con la que la deseaba, y lo dejó hacer a sus anchas. Lo estaba disfrutando, aunque fuera consciente de que se trataba de un impulso posesivo del señor Ares.
Se aferró a su cabello para besarlo, su suave cabello negro, y Leonardo aumentó la potencia y la velocidad al sentir su sabor.
Era demasiado explosivo para que ella se contuviera: la fricción rápida, la excitación contenida de la noche… Emma estalló en miles de gotas, mirándol