Louis me observó desde el otro lado de la mesa, mis mejillas se sonrojaron y mi corazón empezó a latir con velocidad.
—No digas cosas así —susurré. No entendía que pasaba conmigo. Aún no hacían ni tres meses que Kentin había fallecido y ya reaccionaba de esa manera. Louis me miró sin entender.
—¿De qué hablas? —preguntó.
—De... de halagarme —dije.
—¿Por qué no puedo hacerlo? Eres mi amiga y no me gusta verte triste —respondió Louis.
—Pero... Kentin... —dije, aunque Louis me interrumpió.
—Es com