Capítulo 62 — Me tienes a mí, krasavitsa.
La mansión estaba inundada en su habitual silencio, lo cual en estos momentos era lo menos que necesitaba.
Kilian, como era habitual en los días de “trabajo”, no estaba. Esa ausencia, que antes sentía como un respiro, hoy me asfixiaba mucho más que su intensidad y sobreprotección desmedida.
Necesitaba dejar de sentir.
Olvidarme de toda la mierda del día de hoy.
Así que, sin pensarlo dos veces, me dirigí directamente al bar privado de Kilian.
Conocía dónde guardaba todos sus tesoros, a