¿Ya les he dicho que amo Nueva York?
¡Amo esta ciudad!
Y ahora, con Kilian aquí, la amaba mucho más que antes.
Es increíble cómo, con su sola presencia, todo mi estado de ánimo sombrío, culpable y melancólico había cambiado.
Con la solemne promesa de Kilian de que investigaría la muerte de Elena, un peso inmenso se había levantado de mis hombros.
La esperanza, esa flor venenosa que creía marchita en mi vida, comenzaba a brotar de nuevo.
Y todo gracias a él.
Ese mismo día en la noc