El aterrizaje en Nueva York debería haberse sentido como un feliz regreso a casa.
Estaba en el sitio que más amaba, con lo que conocía, donde vivía lejos de los juicios y problemas... Debería estar feliz.
Sin embargo, el bullicio de la ciudad me pareció estridente y vacío.
Por primera vez sentía que me faltaba algo.
La primera cara conocida que vi fue la de Sasha, quien estaba esperándome en el aeropuerto con su sonrisa alegre y sus brazos abiertos hacia mí.
Te extrañé tanto, amiga.