Estúpida.
Estúpida.
Estúpida.
¡Eres una idiota, Nadia!
¿Por qué estás celosa? No tienes por qué estarlo. Sabías desde un inicio la vida que llevaba ese hombre y aun así lo aceptaste, ahora no te quejes.
El latido de mi corazón era un tambor lleno de rabia y humillación que apenas me dejaba respirar correctamente.
Cerré la puerta de la habitación principal con más fuerza de la necesaria, el sonido un débil eco de la tormenta que rugía dentro de mí.
¡Tonta!
Me sequé con rapidez y