Samantha no dudó en ejecutar su orden, solo le pidió que se diera la vuelta. Felipe protestó de mil maneras, sin embargo, si la veía no llegarían a ningún lugar, con su mano entrelazadas Felipe la mira un momento antes de llegar.
—Sam, creo que debes saber algo antes de que de verdad aceptes ser mi esposa.
—Ya acepté, no pienso retractarme, quiero ser tu esposa. ¡Oh! No me digas, ¿sigues casado con aquella víbora? — Felipe rompe a reír y niega.
—Ni loco, no es eso, cosita.
—Entonces…
—Lorena, e