Angus gritaba todo lo que podía, lo habían despojado de toda su ropa, solo lo dejaron en calzones. Dos hombres de casi dos metros jugaban cartas y fumaban sus cigarrillos, utilizando de cenicero su blanca piel, cada quemada era grito que salían de lo más hondo de su garganta, sin embargo, no era ni la mínima parte de lo que un hombre cegado de la rabia lo haría pagar en pocos minutos.
Felipe, junto al Sr. Gerber movieron todas las influencias y se dispuso de una exuberante suma de dinero y estr