La brisa fría de Boston golpea sus rostros, Felipe observa a Samantha un momento y nota que no ha cambiado ni un poco, esta vez se alegra de que lleve un vestido más largo, Samantha tiene los ojos cerrados mientras él contempla su belleza.
“Fui el hombre más imbécil y el más afortunado”— piensa y sostiene su mano y deja un beso en sus nudillos, Samantha sonríe sin abrir los ojos, continúa mirando al cielo.
—Madre ¿Estás rezando?
—¿Eh? No— Samantha ríe y rueda los ojos viendo como Felipe, carcaj