Al bajar del auto, me extiende su mano curvando sus labios, y no puedo evitar que mis mejillas se enciendan, parezco pendeja. Causa en mí algunas cositas que me asustan y puedo evitar empaparme cuando me consume con su oscura mirada.
Nos toman algunas fotos, y mis ojos viajan un segundo a su brazo donde reposa mi mano, levanto la mirada y lo consigo mirándome también.
—No te hagas películas, eres la hermanita de mi mejor amigo, solo soy tu acompañante como buen amigo del pintor— explica y da pa