Ethan apoyó la frente contra la madera fría de la puerta cerrada. Su respiración era pesada, entrecortada, el sonido de un animal que acaba de defender su territorio con los dientes.
El eco del portazo todavía vibraba en las paredes, pero lo que realmente retumbaba era el silencio eléctrico que había dejado la tormenta.
Sus hombros anchos subían y bajaban con violencia. Los músculos de su espalda, desnuda y brillante por una fina capa de sudor provocado por la ira, se marcaban bajo la luz tenu