El timbre sonó dos veces, un sonido agudo y eléctrico que cortó la atmósfera cálida del apartamento.
Ethan se levantó del sofá con esfuerzo, dejando a Luciana envuelta en la manta gris de lana que compartían. El olor a lluvia y humedad de la calle parecía muy lejano en ese pequeño refugio del Upper West Side, donde el aire estaba saturado con el aroma del café recién hecho y una intimidad perezosa.
—Debe ser la pizza —dijo Ethan, rascándose el pecho desnudo.
Llevaba solo unos pantalones deporti